Estad Alegres


Mensaje de la Virgen María al Padre Stefano Gobbi, el 18 de octubre de 1975.

«Te he elegido, hijo, por esta sencilla razón: porque eres el más pobre, el más pequeño, el más limitado. Humanamente el más desprovisto de todo.

Te he elegido porque en tu vida mi Adversario había logrado ya cantar victoria. En tu existencia te he hecho vivir anticipadamente cuanto Yo misma haré en el momento de mi mayor triunfo.

Mi adversario creerá un día cantar completa victoria: sobre el mundo, sobre la Iglesia, sobre las almas.

Sólo entonces será cuando Yo intervenga -terrible, victoriosa- para que su derrota sea tanto mayor cuanto más segura sea su certeza de haber vencido para siempre.

Cuanto se está preparando es algo tan grande, como jamás ha sucedido desde la creación del mundo: por eso ya todo ha sido predicho en la Biblia.

Os ha sido ya anunciada la terrible lucha entre Yo-»la Mujer vestida del Sol»- y el Dragón rojo, Satanás, que todavía logra seducir a muchos con el error del ateísmo marxista.

Os ha sido ya anunciada la lucha entre los Ángeles y mis hijos contra los secuaces del Dragón, guiado por los ángeles rebeldes.

Sobretodo os ha sido ya claramente anunciada mi completa victoria.

Vosotros, hijos míos, habéis sido llamados a vivir estos acontecimientos.

Es el momento en que vosotros debéis saber esto, para prepararos concienzudamente a la batalla. Es la hora de que comience a revelaros parte de mi plan.

Ante todo es necesario que mi Enemigo tenga la impresión de haberlo conquistado todo, de tener ya todo en sus manos. Para ello le será permitido introducirse en el interior de mi Iglesia y logrará ofuscar el Santuario de Dios. Cosechará numerosas víctimas entre los Ministros del Santuario.

Éste es, en verdad, el momento de las grandes caídas para mis predilectos, para mis Sacerdotes. A algunos Satanás los acechará con el orgullo, a otros con la pasión de la carne, a otros con la duda, a otros con la incredulidad, a otros con el desaliento y la soledad.

¡Cuántos dudarán de mi Hijo y de Mí, y creerán que este será el fin para mi Iglesia!

Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, hijos predilectos, que estoy reuniendo para esta gran batalla: la primera arma que debéis usar es la confianza en Mí, es vuestro más completo abandono.

Venced la tentación del miedo, del desaliento, de la tristeza.

La desconfianza paraliza vuestra actividad y ello ayuda mucho a mi Adversario.

¡Manteneos serenos, estad alegres!

No es este el fin de mi Iglesia; se prepara el principio de su total y maravillosa renovación.

El Vicario de mi Hijo, por don mío, logra ya entrever esto y, a pesar de la tristeza del momento presente, os invita a permanecer en la alegría.

¿En la alegría?, me preguntáis sorprendidos.

Sí, hijos míos, en la alegría de mi Corazón Inmaculado que a todos os acoge. Aquí, en este Corazón de Madre, estará para vosotros el lugar de vuestra paz, mientras afuera arreciará la más terrible tempestad.

Aun cuando hubiereis quedado heridos, aun cuando hubiereis caído con frecuencia, aun cuando hubiereis dudado, aun cuando en ciertos momentos hubiereis sido infieles, no os desalentéis, porque Yo os amo.

Cuanto más mi Adversario haya querido enconarse contra vosotros, tanto más grande será mi amor por vosotros.

Soy Madre y os amo aún más, hijos, porque me habéis sido arrebatados.

Y mi alegría es hacer de cada uno de vosotros, Sacerdotes predilectos de mi Corazón Inmaculado, hijos tan purificados y fortalecidos, que ya nadie logrará arrancaros del amor de mi Hijo Jesús.

Haré de vosotros copias vivas de mi Hijo Jesús.

Por lo cual, estad contentos, vivid confiados, abandonaos totalmente a Mí. Estad siempre en oración Conmigo.

El arma que Yo usaré, hijos míos, para combatir y vencer en esta batalla, será vuestra oración y vuestro sufrimiento.

Entonces también vosotros debéis estar, sí, en la Cruz Conmigo, y con mi Hijo Jesús, al lado de la que es su Madre y vuestra ( … ).»

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2 comentarios en “Estad Alegres

  1. “… la primera arma que debéis usar es la confianza en Mí, es vuestro más completo abandono…”

    Esta frase resuena en mi sin parar, como una señal de alarma, como una indicación, como un cartel señalizador que me dice dónde trabajar, donde poner manos a la obra.

    Hay un consuelo bien grande en saber que la victoria prometida llegará, aunque haya momentos en que uno piense que el mundo ya se ha perdido por completo.

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